Chema Cotarelo: «En Maracena hay una apuesta por la cultura realmente envidiable»

Chema Cotarelo: «En Maracena hay una apuesta por la cultura realmente envidiable»
  • Chema Cotarelo Asturias nació en Taramundi (Asturias) en 1961. Su pasión por la poesía despertó desde una temprana edad. A día de hoy ha escrito más de quince obras, tres de ellas de teatro, y obras tan relevantes como "Paréntesis", "Sombra de los limbos", "Sinfonía y llanto para una guitarra", "Cuanto cabe en una mano" (homenaje a Vicente Aleixandre, José Ángel Valente y A. C. González), o "En otros labios". Próximamente saldrá a la venta "Poemas de Leonard Von Scotrodfinger", un homenaje a un personaje muy querido por el autor pero con el que nunca coincidió y ni tan siquiera conoció.

Para Cotarelo, el premio más importante que le ha dado la poesía es "el reguero de amigos aquí y allende los mares, las profundas amistades, hondas, como el misterio de la palabra poética".

- ¿Cree que uno nace siendo poeta o se va haciendo con el paso del tiempo? - Hay algo de todo. Pero para que el alfarero dé la forma concreta o precisa al barro, es necesario oficio; es necesario dejarse las manos en el lomo de los libros. Rebuscar en el alma de donde surgen algunos conflictos, escudriñar en el anhelo, en el dolor del hombre mismo. Pero claro, sin materia primigenia apenas somos nada. El barro es lo esencial; el barro del sentimiento.

- ¿Cuándo y dónde comenzó su andadura por el mundo de las letras? - Empecé en Valencia con apenas 15 o 16 años, aunque ya había hecho mis pinitos con anterioridad.

- ¿Cómo acabó en Maracena? - Por razones de trabajo. Me gustaba Granada, y Maracena reunía en aquellos momentos lo que yo buscaba, la cercanía a la ciudad, la paz que dan los pueblos y sus gentes, la proximidad al campo, a la tierra madre. La Maracena de hace 25 años era muy distinta.

- ¿Cómo definiría a la poesía? - Como un remolino, un ciclón hecho de palabras que reflejan, muestran y ocultan sentimientos y cuyo centro nos absorbe hacia "lo interior", a los claustros de la pasión, del deseo, de los más profundos sentimientos.

- ¿Cómo definiría al poeta? - El poeta es, en mi opinión, una especie de humilde "mensajero" ante cuya invocación, la palabra se hace presencia, forma, cuerpo, resurrección, metamorfosis. Concibo la voz como elemento de unión entre los pueblos, entre los seres humanos. Palabra pues, como puente, como poder de salvación. Verbo de conciliación capaz de promover y auspiciar la paz, hasta agotar toda forma de esperanza.

- ¿Cómo le viene la inspiración a un poeta? - Es la propia expresión quien, a veces, establece sus límites, su propia significación, su callada actuación. Palabra pausa o palabra mito, pero ante todo, canto y redención. Muchas veces, uno tiene la sensación de escribir silencios. La palabra es en sí misma un misterio, grande y fecundo. Vemos la palabra, su grafía, pero el poema es además, no sólo la flor; sino la savia, el color, el olor, el tacto, la percepción, la raíz; la raíz ética, responsable de sí misma.

- Cuando se sienta y por fin surgen las palabras, ¿cuántas horas puede pasar delante del papel? - A veces se espera toda la vida sin que llegue un verso, un término. En la palabra poética uno va al lado en un caminar lento, oblicuo; unas veces delante, las más de las veces, detrás. El lenguaje toma vida propia. Cualquier parecido con uno mismo habría que atribuirlo a cierta extraña forma de coincidencia, a algunos vagos indicios dispersos. Y sin embargo, son uno mismo. "Pasareis las palabras/ como pasa el arado sobre la tierra ignota. / ¿Con qué lluvia las regareis?/ ¿Con qué estiércol las abonareis? / ¿Quién quitará la grama, / quién la ortiga y dejará la rosa?/Pasareis por las palabras/ y seguirán solas".

- ¿Se hace poesía con la expresión nuestra de cada día? - En cierto modo sí, aunque el poema no es un conjunto de palabras presentes; vienen del tiempo, de una lentísima formación, de un poso sedimentario que fermenta y se expande más allá de las propias grafías.

- ¿Hacia donde viajan los sueños de un escritor? - De igual modo que el lector aprehende mensajes, señales, el escritor aprehende sueños, formas opcionales del saber que habitan entre nosotros desde mucho más allá del instante de la concepción de uno mismo. Es un viaje que resulta, a todas luces, aparentemente imposible. Y no lo es. La palabra poética conoce la latitud de las sombras, su dirección. En el aniversario de mayo del 68 la gente decía. "Seamos realistas, pidamos lo imposible". Eso hace el poeta, por inasequible que parezca. A veces le es dado, pero no en él, sino en otros labios, en otros ojos, en otras manos. No hay goce mayor que ser algo de ti en los demás, porque eso le hace ser parte de ti mismo, y a uno, ser parte del otro. ¿No es eso amor?

- ¿Con qué grandes autores ha tenido la suerte de compartir su tiempo? - He tenido la suerte de compartir momentos imborrables con grandes poetas: Aleixandre, Valente, en mi etapa valenciana; con poetas levantinos, algunos ya fallecidos, Gil Albert o Pepe Albi, entre otros; con el gran Pepín Bello que, sin ser un poeta, era un pozo de afectos y de memoria, de casi toda la memoria del 27; también con muchos poetas de toda Hispanoamérica, sobre todo de Puerto Rico, desde donde, por cierto, he sido invitado a participar de nuevo en el Festival Internacional de Poesía que se celebra cada año y que este año tendrá lugar el próximo mes de abril. Me considero muy afortunado de sentirme querido en Puerto Rico ya que yo también quiero mucho a este país  y a sus gentes.

- ¿Cómo fueron estos encuentros? - Con Aleixandre, en su casa de Wellingtonia; con Valente, en Granada. Los otros  encuentros normalmente se enmarcan dentro de reuniones internacionales o festivales de poesia nacionales. En noviembre del año pasado asistí en Nueva York, con un gran número de poetas, a un encuentro internacional en el que también participó el poeta granadino Francisco Vaquero. Luego dimos recitales y algunas charlas sobre Federico García Lorca en la Universidad de Bucknell en Lewisburg, (Pensilvania).

- ¿Cómo ve las cosas desde la perspectiva del tiempo? - Uno se va haciendo mayor y por ello algo más libre. Se aprende a valorar ciertas cosas sencillas, pero esenciales y a quitarle importancia a otras muchas. Hay que tener la suficiente fuerza para vivir; a fin de cuentas, mucha gente nunca muere tanto como cuando vive. Ahora que uno es algo más envejeciente, se asumen las derrotas más abiertamente, se reconocen los fracasos sin el ápice de culpa que los envuelve, se ven los anhelos idos, los sueños rotos, ante la gran parsimonia de la vida, de la indiferencia general. "Ya se fue acostumbrando/el corazón a las derrotas, /a no acudir cuando debía/y a llegar tarde y a deshora".

- Por su dedicación a la escritura,  ¿qué países del mundo ha tenido la suerte de visitar? ¿Con cuál se quedaría y por qué? - A parte de Estados Unidos y Puerto Rico, he sido invitado a Ecuador, Argentina, México o Uruguay, pero uno no puede estar en tantos sitios. Me quedaría en cualquiera de ellos; todos forman parte ya de un modo definitivo de mi vida, pero si tuviera que elegir uno, quizá me quedaría con Puerto Rico. Es, salvando las distancias, muy parecido en su geografía a mi Asturias natal y tengo allí muchos amigos. En mi poema "Canto a Puerto Rico",  digo: "Fui hijo de esta tierra, extranjera de sí misma; /aquí se hicieron mis pasos a las huellas, /mis puños, mis venas, mis ojos a los sueños/y levanté mis antorchas contra la noche/de estrellas en una constelación extraña".

- ¿Se le viene a la mente alguna estrofa que resuma la situación actual de crisis y otros problemas por los que atraviesa la sociedad española? - Perdón os pido por no haber denunciado /el agotamiento del modelo,/los presidentes no representativos /por no haber rechazado /las hipotecas despiadadas,/que dejan sin techo a los más necesitados,/ la economía global,/las estrategias que fabrican pobreza/y más miseria/y más desidia;/por las técnicas que asesinan a los jóvenes/contra el futuro,/contra la esperanza, /frente al muro del poder/de unos pocos,/con la intención de avocar/el pueblo a la ignorancia.

-¿Cree que falta un mayor apoyo a la narrativa, la poesía y la literatura en la educación de los jóvenes?

-Estoy convencido de que sí. A veces es necesario dar un paso atrás, alejarse para ver; saber mirar. La educación de hoy día no es todo lo humanística que debería ser, y eso se refleja en la sociedad. Pero hace falta también despertar el interés de los jóvenes por el arte en global, más allá de la pobreza intelectual que nos ofrendan las televisiones. Cierta parte de la juventud está totalmente adormecida, víctimas de un modelo orquestado para ese fin y perjudicados por un sistema que tampoco sabe a dónde les puede llevar; heridos por las circunstancias y por sí mismos. La juventud ya no pide lo imposible. Todos, al final, seremos víctimas de ello, quizás lo estamos siendo ya.

- ¿Cree que Granada y más concretamente la ciudad de Maracena apuestan por la cultura y la difusión de las letras? - De un modo definitivo, aunque es bien sabido que nadie es profeta en su tierra. Son muchos los artistas granadinos que se han tenido que marchar. En ese sentido Granada es un poco injusta con los suyos. En Maracena, desde hace ya muchos años hay una apuesta por la cultura realmente envidiable, prueba de ello es que actualmente es uno de los núcleos de mayor actividad cultural del área metropolitana. La actividad de la Casa de la Cultura es incesante. Debemos felicitarnos por ello. En estos tiempos que corren, es realmente encomiable, un ejemplo a seguir.

- ¿Algo más añadir? - Saber si nos habrá leído alguien.