Los juguetes de Agustín

Algunos de los juguetes que padres, primos y ciudadanos anónimos dejan junto a la sepultura del pequeño Agustín en el cementerio de Maracena.
Algunos de los juguetes que padres, primos y ciudadanos anónimos dejan junto a la sepultura del pequeño Agustín en el cementerio de Maracena. / JORGE PASTOR
  • Indignación en Maracena por el robo de juguetes en la tumba de un niño fallecido hace tres años y medio

  • La familia piensa que los hurtos sólo pueden ser obra de un desequilibrado y han pedido la instalación de cámaras, aunque sea como medida disuasoria

Rayo McQueen, con su flamante carrocería roja y los faros siempre encendidos, se convirtió en un héroe mundial tras ganar cuatro veces la Copa Pistón. Se había granjeado la admiración de todos y una temporada tranquila junto a su novia Sally. Mate, la grúa oxidada, siempre estaba preparada para vivir trepidantes aventuras junto a su gran amigo Rayo McQueen. Ellos, Rayo y Mate, son los personajes principales de la película 'Cars'. También los héroes de millones de críos. De críos como el pequeño Agustín. Rayo y Mate, Mate y Rayo, siempre con él. Sí, allí, junto a su tumba, en el cementerio de Maracena. Porque a Agustín, fallecido una tarde gris de invierno, hace ya tres años y medio, le encantaba jugar a Cars. Por eso siempre hay juguetes de Cars al lado de su sepultura. Y siempre los habrá a pesar de que ese desalmado, cuya identidad no se conoce, se dedique a robarlos. Para zozobra de sus padres, Begoña y Sergio, que visitan a Agustín prácticamente a diario. Y para rabia de las miles y miles de personas que, viviendo como propio el desconsuelo de Begoña y Sergio, han llenado Facebook estos días con mensajes de indignación después de que Begoña publicara todo lo que estaba pasando en esta conocida red social.

Begoña pedía soluciones. Lo hacía desesperada. Los juguetes no valen nada; el recuerdo de Agustín, todo. Solicitaba que se instalaran cámaras. Una medida que, según ella, al menos persuadiría a quien les estaba infringiendo ese dolor gratuito que agravaba, aún más, el enorme penar que ya supone el fallecimiento de Agustín cuando tan sólo tenía cuatro años. «No tenemos nada que reprochar al Ayuntamiento que, desde que fue conocedor del tema, se ha implicado totalmente», refiere Begoña, quien también destaca la disposición y la sensibilidad que ha mostrado siempre el personal de mantenimiento del cementerio de Maracena. «Tanto es así que José María, el encargado, se ofreció a abrirme las puertas, aunque estuviera cerrado, cuando tenía necesidad de visitar a Agustín», comenta.

«A Agustín nunca le faltan juguetes; se los llevo yo, sus primos o también gente anónima», manifiesta Begoña, muy conocida en el pueblo porque regenta una peluquería en el centro de Maracena. «Son cosas sin valor ¿qué gana esta persona con esto?», se pregunta. «Pues nada», se responde. Bajo su punto de vista, detrás de esta canallada está la mano consciente de algún adulto. «Porque ningún menor viene solo a un cementerio. Y si viniera acompañado y cogiera algo, estoy seguro de que el mayor le haría dejarlo en su sitio», asegura Begoña, quien, apelando a los sentimientos, concluye que esta felonía, que se viene repitiendo de un tiempo a esta parte, sólo puede ser obra de un «desequilibrado».

El alma amputada

Y es que para Begoña, Agustín nunca se ha ido -ella sigue hablando en presente de sus tres hijos-. A pesar de ello, tiene el alma amputada. «Imagínate que sufres el 'shock' de que te cortan un brazo y te ponen una prótesis; antes o después te acostumbras a ello, pero cada vez que miras te das cuenta de que ya no tienes esa parte de tu cuerpo. Pues así estoy yo», explica Begoña. «El dolor nunca se pasa, aunque la vida sigue y aprendes a vivir con él», reconoce. Sí, la vida siguió para ella y para Agustín. Y Begoña tomó la decisión de recuperar cuanto antes la 'normalidad'. Transcurrida una semana se incorporó a su trabajo. Y a los nueve meses llegó Julia. «Ella abrió la ventana para entrara la luz». «La casa ya no podía parecer triste. Siempre me enjugo las lágrimas en soledad».

Todo el apoyo municipal, pero se descartan las cámaras

Antonio García, concejal de Seguridad del Ayuntamiento, asegura que en la localidad hay un «vandalismo sostenible», pero agrega que «el cementerio no es un lugar especialmente conflictivo». A pesar de ello, sí reconoce que el robo de los juguetes de Agustín es un hecho tremendamente doloroso que ha originado una repulsa generalizada, también en el Consistorio. Respecto a la posibilidad de instalar cámaras, tal y como han solicitado los padres, García señala que inicialmente se valoró esta posibilidad, pero se desestimó porque era inviable por la propia configuración de un cementerio de 20.000 metros cuadrados lleno de recovecos. Más allá de la inversión y de los condicionantes que establece la ley, García asegura que este sistema impediría la vigilancia  integral y, en todo caso, se controlaría a la gente que entra y sale.

El edil comenta que se ha pedido al personal de mantenimiento del Cementerio que esté encima del asunto y también se ha solicitado a la Policía Local que abra una investigación.